Sabina Spielrein

A Propósito de Sabina Spielrein

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C. Jung, Sabina Spielrein y S. Freud.

Pinceladas Generales

Como suele ocurrir con muchos de los personajes célebres, la verdadera historia de Sabina Spielrein se descubrió 35 años despues de que fuese asesinada en Agosto de 1942 en manos de las tropas nazis que invadieron la ciudad rusa de Rostov. Cuando se topó con el comando 10a de la SS dirigido por el comandante Heinz Seetzen iba acompañada por sus dos hijas: Renata y Eva de 29 y 16 años respectivamente, quienes tampoco lograron salir con vida del encuentro.

Fue un hallazgo casual en el Instituto Rousseau de Ginebra el que permitió el acceso a un baúl con sus diarios, cartas y otros escritos. Sus interlocutores eran principalmente Sigmund Freud y Carl Gustav Jung, sin mencionar otros talentos de su tiempo como el lingüista Luria o Jean Piaget, reconocido estudioso de la infancia y los modos de aprendizaje que se analizaría con ella. A partir de entonces, la vida de Sabina dio origen a una serie de documentales, películas y libros donde su nombre resuena y hace eco, atravesando los límites del tiempo.

Sin embargo, tuvo que esperar hasta el 2011 para llegar a la gran pantalla y hacerse mundialmente famosa con la película “Un Método Peligroso”, donde la actriz Keira Knightley pone cara a Sabina y Viggo Mortensen encarna a S. Freud. Esta película es una adaptación del libro de John Keer -de nombre simimlar- realizada ni más ni menos que por el director y guionista canadiense David Cronemberg. De hecho, quizás no sea casual que sea él y no otro el que haya reparado en la historia de Sabina. Se sabe que Cronemberg es uno de los exponentes de lo que actualmente se ha denominado “horror corporal”, destacándose por su peculiar mirada sobre el cuerpo y la mente humanas, lo que hace de sus películas una inquietante mezcla de tensiones.

El film -que no fue de lo más exitoso- denuncia la trama pasional más escandalosa que vivió el mundo del psicoanálisis, la que tuvo lugar entre el psiquiatra Carl Gustav Jung y su joven y bella paciente Sabina Spielrein, donde se vio involucrado hasta el mismísmo Freud.

La relevancia que tiene la figura de Sigmund Freud en tanto padre y fundador del psicoanálisis junto con las desaveniencias que lo llevaron al alejamiento de aquel que fuera elegido como su príncipe heredero -el Siuzo Jung-, nos interroga sobre el lugar que ocupó ésta misteriosa mujer en los orígenes del psicoanálisis; tanto en lo que atañe a cuestiones de la ética, como a las posibilidades de que fuera a ella a quien se le hayan expropiado novedosas ideas que darían origen a conceptos cruciales del psicoanálisis de Freud, por un lado, y de Jung, por otro.

En Los Albores de la Cuna de Oro

Desafío, porque en la vida he de realizar algo noble y grande. Yo no estoy hecha para lo cotidiano. Para mi se trata de una lucha a vida o muerte.

Ningún dolor me es demasiado insufrible y ningún sacrificio demasiado grande como para impedirme cumplir con mi destino sagrado.”

Diario de S. Spielrein, Noviembre de 1911.

Sabina Nikolajevna nace el 25 de Octubre de 1885 en la ciudad de Rostov, ubicada al sur de Rusia. Se trata de una ciudad pujante en la época del imperio ruso donde se produce una fusión social-cultural de rusos, judíos, griegos, armenios, alemanes, italianos y franceses que se establecen a orillas del río Don atraídos por el auge económico y la riqueza del lugar, donde existen diversas empresas dedicadas a la construcción de grandes infraestrucuras y maquinarias.

La desembocadura del río Don ha sido de gran importancia cultural y comercial, convirtiendo a Rostov en un importante puerto fluvial y una de las vías de transporte marítimo principales del país, conectando el sudoeste de Rusia con las regiones del norte. Con ésto, no debe extrañarnos que Sabina naciera en el seno de una familia judía de la alta burguesía rusa.

Su padre, Nikolai Spielrein llega a Rostov como un joven ambicioso y decidido a ir más allá de sus propios orígenes.

Procedente de una familia humilde de Varsova, era hijo de uno de los tantos judíos dedicados a la agricultura que se había criado bajo las garras del zarismo, con todo tipo de restricciones impuestas a los judíos que se arrastraban desde tiempos remotos.

Pese a todo, Nikolai -nombre que en realidad toma cuando llega a Rusia1– se destecaría entre sus hermanos (dos niños y dos niñas) por ser el más inteligente y el único de la familia con dotes naturales para la música y otras lenguas. Aunque en casa de los Schpilrejn se hablaba yíddish, él aprende con facilidad y habla con soltura el ruso, el polaco y el hebreó; y ésto es solo antes de trasladarse a Berlín que es donde cursa la carrera de agronomía, especializándose en entomatología y micosis de las plantas.

Si tenemos en cuenta la pobreza y las limitaciones de su estirpe, tiene un mérito aun mayor que fuese él mismo quien costeara sus propios estudios dando clases particulares, y que estando ya en Alemania no tardara en entablar relaciones con la Haskala -movimiento de Ilustración judía. Allí Nikolai amplía su dominio de los idiomas al alemán, el inglés y el francés, sín mencionar algunos clásicos como el griego o el latín. Además, como amante de la cultura que era, se contagia de las ideas progresistas occidentales llegando a ser un reformista radical y uno de los empresarios más acaudalado de la región.

Probablemente, esta posición acomodada propiciara el encuentro con la bella y cortejada Eva Lublinskaja, una de las primeras mujeres que puso un pie en las universidades de Rusia.

Eva, que era odontóloga, desciende de un linaje de rabinos muy estimados en la alta sociedad: su abuelo y su padre eran rabinos, muy famosos por su carisma y amabilidad, a tal punto que las puertas de casa Lublinskaja estaban siempre abiertas para todo aquel que quisiera acudir. Esta apertura se manifiesta también en una crianza poco convencional que el Raví Mordechajevna elige para la única niña de sus cuatro hijos. Lejos de ser educada entre los muros del hogar y las labores domésticas -el destino común para las mujeres de fines del S. XVIII, principios del S. XIX-, el rabino insiste en que su hija vaya a la universidad, incluso cuando éste movimiento implica una feroz crítica por parte de la comunidad. El rabino tiene predilección por esta hija, que además brilla por su inteligencia y sus aptitudes especiales para la música.

A priori -y si nos dejamos enceguecer con tanto genio- podría pensarse que el enlace entre Nikolai y Eva sería el más propicio para garantizar la creación de un hogar armonioso. Sin embargo, y como suele ocurrir hasta en las mejores castas, esta expectante unión culmina en un matrimonio desafinado y lleno de tensiones donde los cónyugues tienen grandes discusiones a causa del dinero. Nikolai es ahorrativo, austero; Eva es una dama mimada que se tienta todo el tiempo con vestidos caros, tapados de piel y sombreros. Encima es una mujer ténaz que defiende constantemente sus puntos de vista, lo que los lleva a enfrentamientos constantes.

Durante la infancia de Sabina los Spielrein se encuentran entre las familias más cultas y ricas de Rostov y como es de esperarse tras haber nacido en cuna de oro, es en esta primogénita donde se depositarán todos los ideales y las grandes aspiraciones de los ancestros.

Sabina es la mayor de 5 hermanos, le siguen: Jascha (2 años menos), Isaak (6 años menos), Emilia (10 años más pequeña) y el pequeño de la familia, Emil que nace cuando Sabina es una adolescente de 14 años.

El ritmo de la familia Spielrein de Rostov se caracteriza por un continuo movimiento de gente: comerciantes, amigos y familiares. Los niños participan activamente de los eventos sociales y culturales: van al teatro, viajan, aprenden música y varios idiomas. Sabina destaca por ser una niña precoz, sensible y muy perspicaz. Tiene una gran imaginación que la lleva -con 7 u 8 años- a inventar historias y escribir emotivas poesías. Hacia el año 1896 debuta en el colegio secuandario Katharinen, donde estudia hasta 1904 destacándose con méritos académicos. Por esta misma época comenzará a registrar todo lo que le sucede en un diario íntimo que a veces escribirá en un idioma secreto inventando por ella misma y cuya función era evitar que otros posibles lectores -sobre todo sus padres- se enterasen de lo que allí apuntaba. Vive en el ensueño y se crea un mundo de fantasía que mantiene en secreto: es una Gran Diosa dominadora de un poderoso reino, posee una gran fuerza por medio de la cual puede saber y alcanzar cualquier cosa. (Richebacher, Sabine. De Freud a Jung. Broche. 2008.)

Según cuenta Sabina en su diario, hasta los 13 años se muestra fiel al linaje materno: es muy devota y reza mucho. Su infancia está plagada de historias de ángeles y demonios, de adivinos y de curaciones milagrosas que escucha a través de su madre y ante la cual queda totalmente fascinada. Incluso a su venerado bisabuelo se le atribuyen numerosos casos de clarividencia, del que se destaca el de predecir la hora exacta de su fallecemiento. Esta pasión por lo oculto será más tarde un punto de enlace con Carl Jung, llegando a caracterizar el vínculo como la mística unión de dos almas idénticas que se encuentran para amarse y comprenderse mutuamente.

Con 5 años Sabina Nikolajevna se debate sobre el origen de los niños y la creación, descubriendo rápidamente que éstos provienen del vientre de su madre. Se transforma en alquimista y realiza inventos para crear nueva vida: mezcla restos de comidas y bebidas variadas, llegando a ocasionar tal suciedad que terminaba disgustando a sus padres (Richebacher, Sabine. ob. Cit.)

Estas cuestiones serán una constante a lo largo de su vida y más tarde -siendo ya psicoanalista- se traducirán en importantes investigaciones sobre la sublimación y el acto creador; incluso aparecen reflejadas en su obra más importante escrita -con tal solo 26 años- en 1912 : “La Destrucción como Causa del Devenir”, donde se revela como precursora del concepto de pulsión de muerte que Freud elabora en su obra en una etapa tardía. Así, puede leerse en una nota al pie del escrito “Más Allá del Principio del Placer” (1920), donde Freud reconoce el trabajo de Sabina Spielrein:

En un trabajo muy rico en ideas, aunque para mí no del todo transparente,

emprende Sabina Spilrein una parte de esta investigación

y califica de ‘destructores’ a los componentes sádicos del instinto sexual”.

Aunque existen diferencias primordiales entre la tesis de Sabina y la de Freud -Sabina habla de una sóla y única pulsión donde confluyen juntos componentes destructores y sexuales, creadores; mientras que para Freud se trataría de dos pulsiones diferentes que entran en conflicto como dos fuerzas opuestas: pulsión de vida, por un lado, pulsión de muerte, por el otro- es indudable que la jóven captaba la escencia del psicoanálisis freudiano que remarca que el sujeto humano no quiere su bienestar, favoreciendo el avance del movimiento psicoanalítico con sus investigaciones.

Como psicoanalista, Sabina destaca como una de las pocas mujeres en el círculo freudiano. Con compromiso y tenacidad aborda temas vinculados no sólo a la destrucción, también se muestra preocupada por abordar aspectos fundamentales del psiquismo infantil. “Aportes Al Conocimiento del Alma Infantil” (1912), “Sobre la cuestión del surgimiento y desarrollo del Lenguaje Articulado” (1920), “El Surgimiento de las Palabras Infantiles Papá y Mamá” (1920) o “Pequeñas comunicaciones de la Vida Infantil” (1923) son otros de sus trabajos más reconocidos.

De la Cuna de Oro al Cautiverio del Cuerpo

Esta educación erudita y privilegiada de los niños Spielrein se mezcla con un régimen estricto por parte del padre para con sus hijos, donde no sólo les exigía la excelencia, también sancionaba con fuertes castigos físicos las desobediencias, las peleas entre los hermanos y los incumplimientos a los mandatos familiares. Así, era común que Sabina presenciase duras escenas donde el padre pegaba a los hermanos, otras veces era ella misma la receptora de los golpes.

Este manejo de lo corporal donde el niño queda reducido y es tomado como objeto del otro -en este caso del adulto- no sólo irá dibujando en Sabina un modelo de vínculo basado en la servidumbre, donde el poder de uno recae sobre el otro; también genera fuertes sentimientos de ambivalencia, de amor y de odio hacia los progenitores que acaban por deslizarse al terreno de lo corporal. Es en los límites de la piel donde quedan encerradas todas estas tensiones destructivas y sexuales que impregnan al cuerpo de componentes sado-masoquistas, mezcla de placer y dolor que la llevan a un goce irrefrenable y a un comportamiento compulsivo que se fue agravando conforme se fue haciendo mayor.

La niña desahogaba sus amarguras en el diario, donde puede leerse el día 1 de Enero de 1899: “Lo único que digo es que el año 1898 ha sido el más desdichado de mi vida”.

Sabina ha llegado a la pubertad, y sufre. Su estado se manifiesta en bruscos cambios de humor donde la depresión aguda se alterna con la manía. Aunque desde sus 3 o 4 años había ciertos indicios donde se podía vislumbrar que no todo andaba bien, es en la adolescencia donde su estado empeora. En una oportunidad luego de que su madre la castigase, se encierra en el sótano y se riega con agua fría. Estamos en pleno invierno ruso. Sabina quiere morir y de éste modo consigue abofetear a sus padres. En otra ocasión discute de tal manera con su padre que es el propio Nikolai el que se desquicia y amenaza con el suicidio.

En su diario, Sabina ubica el comienzo de su enfermedad entre los 13 y 14 años, puntualmente cuando nacimiento y muerte se acercan tanto que hasta se podría pensar que quedan sellados como dos caras de la misma moneda. En Julio de 1899 nace el benjamín de la familia, Emil Spielrein y en Octubre de 1901 su hermanita Emilce fallece trágicamente luego de contraer tifus. Es también por aquella época cuando su madre comienza con los preparativos de su dote, iniciándose en la jóven un proceso de transformación donde las creencias religiosas se disuelven. Es probable que el duelo se entremezclara con los enigmas de la sexualidad y las preguntas sobre el amor.

En relación a ésto último sabemos por su diario que la visión que tenía sobre el matrimonio de sus padres no era la de los cuentos de hadas. Afirma que su madre no está enamorada del padre y que en realidad en su juventud amaba a otro hombre al que no puede aceptar debido a la oposición entre las familias. Al parecer, Eva rechaza en tres oportunidades la propuesta matrimonial de Nikolai y acaba consintiendo para no contradecir los mandatos paternos, para quienes Nikolai era el marido ideal.

La gota que derramó el vaso y que lleva a los padres a buscar tratamiento psiquiátrico para Sabina fue cuando la jóven comenzó a pegarle a su madre. La situación se volvió así incontrolable, Sabina tenía fuertes crisis nerviosas donde insultaba y agredía a todo aquel que estuviese a su alrededor.

Un acontecimiento de ésta índole es lo que motiva la internación en el hospital Burghölzli de Zurich -dirigido por Eugen Bleuler- en Agosto de 1904.

Sabina tenía ya 19 años y había vijado a Suiza acompañada por su madre y su tio para realizar tratamiento con los mejores especialistas. Aunque la internación no estuviera en realidad entre los planes, fue uno de sus episodios nerviosos lo que hizo que el médico acudiera de urgencia al hotel donde se encontraba y que la enviara directamente al psiquiátrico. Allí conocería al Dr. Jung -de unos 30 y tantos años- quién se encargará de su tratamiento.

Sabina Spielrein: Juego Limpio de Jung a Freud.

Según los registros del hospicio, Sabina permaneció ingresada desde el 17 de Agosto de 1904 al 1º de Junio de 1905. Durante esos 9 meses se reunía diariamente con Jung, quien la trataba con el método diseñado por Freud. El diagóstico era el de una histeria severa con rasgos esquizoides.

Por el diario de Sabina y por sus cartas podemos saber algunas verdades sobre el vínculo que la unió a Jung durante aproximadamente 4 años, pese a que los herederos del médico suizo se esfuercen en ocultar la publicación de las 46 cartas que se conservan escritas de Jung a Spielrein, probablemente porque su contenido compromete enormemente no sólo la posición de Jung, también el edificio teórico que se le atribuye.

La verdad es que fue esta inteligente mujer poseedora de una increíble sensibilidad psicológica la musa que se oculta detrás de conceptos como el de “Ánima”, aunque muchos elementos ponen en duda la autoría del término sin poder precisar si pertenece a Sabina o a Jung. De lo que no cabe dudas es de que fue ella quien ejerció una gran influencia en él como su colaboradora y su interlocutora intelectual durante el tiempo en que éste desarrolló sus idas principales. También podemos saber que fue ella quien actuó como mediadora entre Jung y Freud, intentando que Jung no se desviase de los lineamientos freudianos. Conocemos por los hechos que fracasó en su intento de unir a Jung con el padre del psicoanálisis y que finalmente fue ella quien eligió alejarse de Jung de la forma más amorosa posible, distanciándose incluso en lo referente a las teorías psicológicas que el suizo sostenía.

Podemos leer en una carta de Sabina a Freud la posición que ella toma entre uno y otro y que mantiene hasta el final de sus días:

“Quiero a Jung a pesar de todas sus confusiones , y quisiera contarlo entre los nuestros. Usted, señor profesor, y él, ignoran ambos que están ligados mucho más íntimamente de lo que se podría pensar. Este devoto augurio no es una traición a nuestra asociación: todos saben que me declaro perteneciente a la asociación de Freud, y Jung no me lo puede perdonar. ¡No hay nada que hacer!”2

Lo cierto es que tenemos que partir de la asimetría existente entre Carl Jung y Sabina para poder comprender mejor el drama en el que ella se vio envuelta. Hay que decir que también Jung ejerció una influencia decisiva en ella, y ésto no solo porque fue su terapeuta, sino porque simultáneamente se convirtió además en su amante, traicionándola 4 años más tarde de forma vil y cruel.

La relación amorosa-pasional entre Sabina Spielrein y Carl Jung se mantiene desde 1905 hasta 1909, aunque se trata de un lazo quenunca se extinguirá por completo, transformándose en una singular amistad. Jung fue el primer amor de la joven, y mantendrá con éste un vínculo especial que durará a lo largo de su vida, incluiso después de que se casara con el médico Pavel Scheftel en Junio de 1912, con quien tiene 2 hijas: Renata, nacida un año después de contraer matrimonio, y Eva, que nace en 1926 cuando Sabina ya es una reconocida psiquiatra.

Por la carta escrita de Sabina a Freud en Junio de 1909 podemos ubicar por esas fechas la trágica grieta que sufre la relación de Sabina con su amante. Por aquel entonces Sabina ya se encontraba estudiando medicina y había dejado atrás su estancia en el Burghölzli, aunque visitaba a Jung de forma ambulatoria. Es una carta anónima -presuntamente escrita por Eva Jung, la esposa- a la madre de Sabina la que desata un aluvión de tempestades. Allí le advertía que cuidase a su hija del afamado doctor.

La temperalmental Eva Spielrein interviene pidiendo explicaciones a Jung, quien niega todo lo ocurrido acusando a Sabina de ser una joven mentirosa que lo único que quería era difamarlo por venganza, en tanto él se negaría a entregarle su amor. Luego, como si fuera poco, en un acto de poca elegancia -y mucha enajenación- escribe a Eva sosteniendo que si la relación con Sabina había ido a más había sido porque no cobraba honorarios, lo que le impedía mantenerse en los límites de lo estrictamente profesional en el tratamiento con ella.

La traición de Jung a Sabina llegará hasta Freud, quien también cayó en las trampas de Jung, quien le había escrito argumentando que una joven paciente quería beneficiarser de su fama y dejarlo mal parado por medio de acusaciones y acusándolo injustamente.

Las palabras de Nikolai Spielrein a su esposa resumen bien la situación:

Han hecho un dios de él y no es más que un hombre común. Estoy contento de que ella -Sabina- he haya dado un sopapo. Yo hubiera hecho lo mismo. Deja que haga lo que le parezca: puede arreglárselas por sí misma.”3

Sabina resuelve el asunto como la mujer que es y le exige a Jung que se retracte ante Freud, al mismo tiempo que ella misma escribe a Freud solicitando audiencia para contar “la otra parte”. Así es como Freud queda enredado en esta maraña pasional que llevará a que luego se separe definitivamente de Jung aludiendo que su ruptura se debía netamente a divergencias teóricas en las que no acordaba con el joven médico. Probablemente, de haber dicho la verdad ante la comunidad científica, el nombre de Jung hubiera quedado totalmente denigrado, pero el de Sabina Spielrein también.

Freud le aconsejará a Sabina que resuelva estos asuntos en la intimidad, al mismo tiempo que le dirá que lo mejor para ella era poner distancia con Jung. Ésta es la manera en que Freud sanciona el acto cometido por aquel que en otro tiempo había elegido como el heredero principal del psicoanálisis.

Cabe subrayar también, que en cuanto a las posiciones teóricas de Freud y Jung éstos divergen principalmente en que Freud insistía en el papel fundamental que la sexualidad desempeñaba en las relaciones humanas, mientras que Jung se negaba a aceptar ésto. ¡Y vaya si se negaba!. El psicoanalista Bruno Bettelheim dice al respecto: “Lo que en un principio había sido una necesidad personal de negar la importancia de la sexualidad se convirtió en una cuestión teórica”4.

La disyunción entre Freud y Jung divide a la comunidad psicoanalítica de la época, quien desconocía los aspectos más ocultos del triángulo Jung-Sabina-Freud.

Crimen con premeditación y alebosía por parte de Jung, quien además acudía a Freud para que le aconsejara con “una paciente dificil”, negando su verdadera implicación personal para con la joven.

El juego termina para Sabina, quien dice:

No tiene él -Jung- que negar que me consideraba a mí, y consideraba el amor por mí, como una cosa sagrada: tiene que admitir que muchas veces me ha asegurado que nadie había podido entenderlo mejor que yo. Yo he recibido mucho de él, y él de mí, y por lo tanto no debe temer reconocerme como la amiga que veneró profundamente”5.

Sirvan éstas palabras para reconocer su verdadero lugar dentro del psicoanálisis.

Referencias

  • Alnaes, Karsten: “Sabina”. Siruela. Madrid, 1996.

  • Carotenuto, Aldo. “Una Secreta Simetría. Sabina Spielrein entre Freud y Jung”. Gedisa, 1984.

  • Richebacher, Sabine. “De Freud a Jung”. Broche, 2008.

  • Volnovich, Juan Carlos. “Sabina Spielrein: Expropiación Intelectual en la Historia del Psicoanálisis”. Revista Topía. Disponible en: www.topia.com.ar.

 

Citas

1Al nacer es bautizado como Naphtul Moschkovitsch Schpilrejn.

2Fragmento escrito al dorso de una carta de Jung que remite Spielrein a Freud el 15 de Abril de 1914. Extraído de Aldo Carotenuto, Una Secreta Simetría. Sabina Spielrein entre Freud y Jung. Gedisa. 1984.

3Pasaje de carta de Sabina a Freud el 10 de Junio de 1909. Extraído de Carotenuto, Aldo. ob. Cit.

4Carotenuto, A. Ob. Cit. Pág. 32.

5Carta de Sabina Spielrein a Freud. 20 de Junio de 1909. Extraído de Carotenuto, Aldo. Ob. Cit.